// Mis 16 años. //
(Escribiré feo, horrible pero quiero que al menos esto quede en algún lugar y en algún momento lo leeré con intensión de recordar y comparar como salió todo)
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A pesar de que mis 15 años fueron lamentablemente peligrosos, pensando que se iría de mi vida la persona más valiosa este año no fue la excepción, se puede ir y en cualquier momento pero ese hecho me hizo conocer que todo está un momento y luego se va.
Justamente creo que esa fue la enseñanza, nada está ahí para siempre. A veces siento que al planear mi futuro es retar al destino y que me responda: “no todo lo que quieres se hará realidad” y todavía quiero cambiar esa frase a : “hay algo mejor”. Supe perfectamente “deja ir” y más aún, pensar que la falta cometida no es por algo que cometiste sino por tu forma de ser, saber en pocas palabras “me aburrí de tí”.
También comprendí que hay personas que despegarán a buscar otros sueños y conocerás la diferencia cuando si los veías todos los días se limitará a una vez al año y por una causa, es decir, un evento. Este año tuve algo muy claro: no soy del tipo de persona que se despega y justamente la razón por la que en mis primeros meses con 16 años estaba aterrada de ser herida.
Con el tiempo entiendes que si no quieres salir herida, entonces tendrás que ir por la vida sin dar cariño ni menos recibirlo. Aprendí justamente eso de Génesis, la chica que más me enseñó y comprendió cuando yo ni siquiera advertía de mi estado.
No olvidaré la mañana de un domingo en el parque donde realizaba mi labor social, me apartó de donde estaba y me dijo una por una mis actitudes, entonces caí en cuenta que estaba mal, que trataba de hacerle pensar a las personas que estaba bien y lo que hacia era mentirme de la peor manera a mi misma. Lloré.
Entonces se avecinó anteriormente el propedeútico con personas bastantes especiales y cuando digo bastante es que me gané su cariño (y yo no me considero el tipo de persona que los demás le cae bien) pero fijate, era creo la única persona que hablaba con todos y pude crear un ambiente genial.
Conocí a Anthony, alguien que me demostró que aunque se esté en otro estado y nunca hablemos igual nos deseamos éxito en nuestras tesis, pruebas y estamos atentos uno al otro, otra fijación de lo que puede llegar a ser una amistad.
Conocí lo que significaba decir no a la droga, lo que quería dedicarme toda mi vida, enfocarme en lo que quería, lidiar con mil y una responsabilidades que hasta abrumaban.
También empecé a ver lugares nuevos con una compañía especial, una persona que me enseñó a confiar en mí, en pensar yo sí puedo y el dejar de ser egoísta; la misma persona que me dijo como soñar fue la misma que me hizo conocer el valor de despegarte de algo así duela.
Lloré a las 12:01 am del 1/01/12.
Desconfié de mi potencia, le pedí a mi madre que me disculpará si no podía entrar a la universidad, que si no lo lograba fue lo mejor que pude. Entré.
Entonces surgió alguien, desde el fondo de un teatro como cuando no estás consciente del actor que está en la esquina y que le brinda poder a la escena pero no estás advertida de su presencia.
Así llegó alguien, no comprendía cómo ni de qué manera. Traté de huir, no pude, traté de mantenerme lo más lejos y sabía que entre más tenía que hacerlo, menos quería.
Entre risas y nervios entendía que iba más allá de lo que podía manejar y tal cual como en meses anteriores tratando de ocultar mi tristeza y sólo mentirme, traté de mentirme de nuevo aparentando que yo podía seguir mi camino sin el nuevo misterio tan atrayente y tan probablemente peligroso.
Entonces mientras todo ocurría entendía que para lo que yo veía en un espejo no era la concepción de los demás de mi. Pues fui madrina de mi salón y más tarde del colegio, extraño para mi y hasta el último momento diría que iba a perder. No tenía vestido, pero igual gané. Me sentí una especie de renovación como Betty la Fea en final de temporada cuando todos se sorprenden por su cambio, así.
Entre esa semana agitada vi acercarse más aún el misterio que atraía, no podía aguantar y ya era visible para los que de verdad me conocían.
Un meñique, una sonrisa, un acto que me hizo ver que jamás había sentido tantas cosquillas. La ansiedad de bajar las escaleras y correr hacia el misterio. Una canción al oído, las escaleras del evento de fin de colegio.
Me arriesgué a perder, algo que en anteriores meses no lo iba a lograr, “Si jugamos yo saldré perdiendo”. Comprendí lo que significaba despejar una orilla, pulir mis habilidades en metáforas y esforzarme por algo que me hacia sonreír.
Se consolidó.
Mi figura paterna cada día más en plena decepción es posiblemente mi mayor fracaso personal porque aunque lo amé le he juzgado de la manera más severa y en contra parte mi madre estaba ahí cuando lo necesitaba. Lamentó que mi relación con él esté en decadencia y razón por la que lloré hasta el último día de mis 16 años.
Ahora todo está terminando, en dos semanas presento el último requisito para graduarme, ya terminé de presentar en las universidades para entrar y más aún entendí lo divino que es querer, salir herido e intentarlo.
No quiero llegar a muchos años y decir con sentimiento melancólico ”si lo hubiera intentado”, estoy aquí viviendo mis emociones y dejar de ser racional. Al final lo que quedan son las experiencias, la sabiduría que se adquiere. No por eso he de lanzarme por el balcón, pero si arriesgarme y cruzar la línea.
Muchas gracias a las personas como (será largo): Genesis, Mariana, Laura, Anthony, Stefy, Steph (hermanitow), Thomas, Victoria, Ruben, María Fernanda y Luis.
Quienes tomaron mis lágrimas, alzaron las palabras que no quería pronunciar, derrumbaron la pared que yo armé para resguardarme y consiguieron a esta Blanca que no confiaba en si misma, que no quería y que no sabía llorar y mucho menos reir.
No aseguro que mañana estaré aquí pero sí que en mis recuerdos, ustedes forman parte de algo muy importante.
Gracias.
Ah! ¡17 años voy por ti!























